Cruzando al enemigo

26/Sep/2016

Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski

Cruzando al enemigo

Aproximadamente 2500 ciudadanos sirios recibieron tratamiento en Israel desde que comenzó la guerra en su país hace ya seis años. En agosto, nuevamente llegó un grupo, que tuvo esta vez la particularidad de estar compuesto casi exclusivamente por niños y sus padres de la zona de Kuneitra, muy cerca de la frontera de Israel. El viaje fue logrado por la iniciativa y coordinación de la organización judeo norteamericana «Amaliah», al frente de la cual está el empresario de origen israelí Moti Kahana, quien combinó la llegada de los sirios directamente con Israel.
Este grupo llegó al Centro Médico Ziv en la ciudad de Safed. Otro arribó recientemente también al hospital de Naharia.
Meses atrás, vimos personalmente a sirios recibidos en Israel, internados precisamente en estos dos hospitales que también ahora han recibido a nuevos grupos. Los mirábamos al sonreír cuando entraban los médicos israelíes que los atendían y nos preguntábamos qué proceso debían estar pasando por dentro. Durante décadas les habían envenenado el alma con odio hacia Israel, presentándolo como el símbolo de todos los males, un cuerpo extraño que no pertenece a Oriente Medio, y he aquí que tras pasar el infierno en su propio país , ese «enemigo» los estaba salvando.
Nunca pensamos que Israel sea perfecto, que esté libre de errores ni que tenga siempre toda la razón en sus discusiones con quienes le atacan y critican. Pero no tenemos dudas de que la distancia entre la realidad y la imagen con la que gobernantes árabes nutrieron durante mucho tiempo a sus ciudadanos acerca de Israel, es enorme. Inconmensurable. Esos heridos atendidos en Israel, cruzan esa distancia rápidamente, cuando le conocen de cerca.
Podrán sentir alivio al ver que el «enemigo» los salva, pero nos preguntamos cómo logran seguir adelante sabiendo que vuelven a casa quizás curados de heridas que habían sufrido, pero sin tener certeza ninguna acerca de lo que les depara la vida en su país aún en guerra.
El alto el fuego recién pactado ya se ha desmoronado y estos días han sido bombardeadas inclusive caravanas de ayuda humanitaria, con muertos y heridos . Y no hay allí buenos y malos, nadie exento de responsabilidades, salvo los propios civiles víctimas de la guerra. El mundo se estremece cuando aparece alguna foto que se convierte en símbolo, sea el del cuerpito inerte de Alyan el Kurdi muerto en una costa europea o la otro niño lleno de sangre dentro de una ambulancia en Damasco, con la mirada perdida en el vacío. Pero nada cambia. Las potencias debaten, analizan, pactan, y se «horrorizan»… y nada. Y no sólo porque ellas no hacen lo suficiente y también matan, sino más que nada, porque en el terreno, el mundo árabe y las distintas ramas del Islam, se disputan el control, el dominio, la supremacía, y la población civil es un mero detalle en el camino.
Israel debe mantener un equilibrio entre el esfuerzo por permanecer lo más lejos posible de esa locura, dispuesto siempre a tender una mano a los vecinos que necesiten ayuda, sin intervenir en esa guerra y al mismo tiempo sin dejarse atacar. No es fácil maniobrar entre todas estas puntas a veces contradictorias.
En medio de este volcán, Israel debe sobrevivir maniobrando entre la preservación de su seguridad y la mirada atenta a las nuevas posibilidades de diálogo precisamente con vecinos en cuyas fronteras hay quienes comparten intereses con el Estado judío. Nuevas alianzas con quienes comprenden que tanto el Estado Islámico como Irán son una seria amenaza, es una vía posible para poder abrir puertas.
Hoy todavía parece imposible concebir normalización mientras todo arde. Llevará mucho tiempo aún verla hecha realidad.
Al menos, quienes llegaron a Israel a recibir ayuda, saben cuánto les han mentido siempre…y podrán contarlo al volver a su país, con la esperanza de vivir lo suficiente para disfrutar de haberse salvado.